top of page
​
El llamado de Jesucristo siempre ha sido: Sígueme.
Siempre exige un abandono de tu vida anterior,
y este llamado nunca ha cambiado.
El que no abandona nada, no puede ser un discípulo.
El discipulado es un sacrificio,
y por tiempo indefinido es distanciarse de todo lo que es malo.
es decir no a ningún tipo de compromiso,
y de cualquier barrera que te impida seguir a Cristo.
Seguir a Cristo es decir no a uno mismo,
y crucificar cada día tu voluntad,
para llevar a cabo una entrega absoluta y vigorosa
y tener una relación íntima y profunda.
Seguir a Cristo es darle el primer lugar,
y confesar su nombre públicamente.
Olvidarse de uno mismo y seguirlo,
sin demora y sin reserva.
bottom of page
_edited_edited.png)
_edited.png)